El Sínodo de la Familia cuya primera parte se está desarrollando en el Vaticano a lo largo de estas semanas, ha sido protagonista de cómo una mala traducción puede llegar a generar un caos informativo de proporciones desmesuradas.

La versión original del documento del evento estaba escrita en italiano, lengua elegida como oficial para el Sínodo en vez del latín habitual (una de cuyas características suele ser su precisión y falta de ambigüedad).

El punto que ha generado la controversia aparece en el párrafo cincuenta del texto, referido a valorar los dones y talentos que los homosexuales pueden aportar a la comunidad cristiana: se procedió a traducir la palabra italiana “valutando” al inglés “valuing”, lo que hace sugerir una “valoración” de la orientación sexual (y no una “consideración” como sí aparecía en la versión en español). Tal circunstancia permitió deducir que la Iglesia había modificado su enseñanza sobre el matrimonio homosexual, con el subsiguiente revuelo ante la opinión pública mundial.

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