Quizá en momentos como los que nos ha tocado vivir resulte más necesario que nunca afianzar determinados conceptos que quizá en ocasiones damos por sobrentendidos pero que la experiencia nos demuestra que no siempre es así.

Un ejemplo de esto es la tan habitual cuestión que en muchas ocasiones nos plantean algunos clientes actuales o en trance de incorporarse a nuestra oferta de soluciones: ¿por qué seguir una metodología en la revisión de una traducción?

Para cualquiera de los que formamos parte de la industria GILT existe un axioma que pone de manifiesto que revisar un texto después de traducirlo es una tarea obligatoria. La traducción, como obra humana, siempre es susceptible de tener alguna errata o error y en este sentido establecer una metodología de revisión de la traducción es primordial para garantizar la calidad en ese servicio. Controlar el proceso en cada una de sus fases resulta indispensable para que el resultado final sea óptimo.

Creo que tras unas cuantas décadas de experiencia en este sector me encuentro en condiciones de asegurar que nunca resulta sencillo ceñirse al mensaje original a la hora de proceder a su traducción. Un simple fallo en una palabra puede modificar el sentido del contenido (pensemos lo que pudiera ocurrir, por ejemplo, cuando aludimos a un informe médico o un artículo científico o una patente en las que la gravedad por el error cometido se multiplica). Contar con un protocolo de revisión aporta seguridad y elimina cualquier tipo de riesgo.

En un contexto tan competitivo como el actual los fallos GILT inciden en una mala imagen global de la corporación que los comete y pueden llegar a poner en entredicho sus niveles de rentabilidad y competitividad. Son tan abundantes y tan notorios los ejemplos acaecidos a lo largo de estos últimos tiempos que un simple recuerdo de los mismos bastaría para provocar un hondo malestar al más descreído e indiferente de sus altos directivos.

Precisamente por ello el procedimiento de comprobación resulta un aspecto crítico. Si nos saltamos cualquiera de los pasos, la traducción se verá resentida. Pongamos por caso que obviamos el momento en el que se designa para la revisión a un especialista del tema tratado en el texto: en ese caso habrá palabras técnicas que quizá se hayan traducido de diversas maneras, favoreciendo la ambigüedad en las partes del texto en las que aparezcan; solo un entendido en la terminología de esa materia, más allá del idioma al que se traslade el trabajo, será capaz de plasmar exactamente lo que se dice.

La ya mencionada fase en la que se designa a un especialista en la materia tratada en el trabajo es únicamente uno de los pasos. Antes podemos haber corregido ya los errores evidentes, si es que los hay. También resulta imprescindible justificar las correcciones, especialmente si son  relevantes (expresado con otras palabras, no hay que modificar la traducción si no tenemos argumentos de peso para hacerlo). Y, por continuar con los ejemplos, quizá sea preciso realizar algún cambio para que el texto se ajuste más al público al que va dirigido.

Como puede verse, la metodología de revisión de la traducción es fundamental para conseguir un texto fiel al original. Por ello nunca me cansaré de recalcar que contar con lingüistas nativos y especializados en numerosas temáticas es un aspecto tan crítico como necesario dado que estos profesionales se encuentran capacitados para corregir errores y también para aportar fluidez y naturalidad a la traducción.

En definitiva, mi consejo es siempre apostar por verdaderos expertos en la comprobación de textos cuyo saber hacer permitirá alcanzar resultados profesionales y por proveedores GILT que aporten los servicios que se ajustan a las necesidades de cada cliente concreto.

En línea con tales consideraciones en Linguaserve proporcionamos una extensa variedad de servicios de revisión, con posibilidades que abarcan la revisión simple (examen bilingüe de una traducción respecto a su adecuación a la finalidad prevista, cotejando los textos de origen y de destino), el proofreading (que asegura la naturalidad y legibilidad) o la validación experta (examen de un texto de destino traducido en su contexto gráfico).

Pedro L. Díez Orzas

Presidente Ejecutivo de Linguaserve

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