La formación universitaria nunca puede permanecer ajena a los cambios que se viven en la sociedad en general y en el mercado en particular. Es verdad que este proceso de adaptación no siempre es sencillo pero no es menos cierto que una Universidad encerrada en sí misma y aislada del contexto que la rodea es en la mayor parte de las ocasiones sinónimo de un país enfermo y falto de pulso vital.