Es difícil encontrar un término más utilizado durante estos últimos meses que el referido a transformación digital como realidad aplicada a la práctica totalidad de los sectores productivos. Me gustaría reflexionar acerca de cuál es su verdadero alcance cuando lo aplicamos a una noción tan concreta como es la de la Administración Electrónica Multilingüe (AEM).

Es preciso subrayar que no hablamos tanto de una cuestión tecnológica (pese a que sus implicaciones resulten evidentes) como de formación (concienciación y motivación) de los recursos humanos de las organizaciones y de articulación de procedimientos de trabajo eficaces, asumibles, claros y productivos.

En España llevamos más de quince años dando vueltas al concepto de la AEM, considerado como algo que va más allá de lo retórico y se incardina en el imperativo legal que tienen los poderes públicos a la hora de auspiciar la Sociedad de la Información y reducir la celebérrima “brecha digital” o digital divide.

Parece evidente la existencia de una serie de circunstancias constantes que contribuyen a definir la Administración Electrónica Multilingüe. Entre ella podemos destacar las referidas a multientidad (en una sola instalación han de convivir varios portales de forma independiente), multiplataforma (debe ser independiente del hardware y del sistema operativo sobre el que se instale), gestión remota (tanto en la gestión global de la instalación como en la de los portales), gestión de usuarios (se pueden crear diferentes roles a los que se asignen diferentes funcionalidades), flexibilidad y escalabilidad (ha de permitir la modificación del aspecto gráfico y la creación de nuevos enlaces y estructura de forma sencilla) y seguridad (los usuarios, según roles, deben identificarse con nombres y palabras clave plenamente compatibles con las sucesivas generaciones de certificados digitales y DNIs electrónicos).

En el caso de la AEM nos encontramos ante tres clases de retos directamente ligados con la transformación digital: de gestión, tecnológicos y de traducción. Con relación a los primeros hemos de tener en cuenta, incluso a día de hoy, la escasez de arquitecturas aptas para el multilingüismo (no todos los portales y sitios web están preparados para almacenar, gestionar y publicar contenidos multilingües). La agilidad y seguridad continúan siendo los dos elementos claves para afrontar esta situación.

Por lo que se refiere al desafío tecnológico la compleja estructuración de las administraciones públicas españolas constituye un evidente caldo de cultivo para el empleo de tecnologías distintas por parte de diferentes organismos públicos. Desde hace casi una década en Linguaserve venimos trabajando para auspiciar y potenciar aspectos como la estandarización y la flexibilidad en aras de un mejor servicio final a los clientes y usuarios.

Y en lo que atañe al ámbito de traducción todavía continúan apreciándose lagunas en la calidad de contenidos verdaderamente multilingües, si bien en este último aspecto el avance que se percibe a lo largo de estos últimos años resulta auténticamente significativo.

La transformación digital aplicada a la Administración Electrónica Multilingüe implica que los poderes públicos ofrezcan a los usuarios funcionalidades de muy diversa índole que van más allá de proporcionar el sitio web en varias lenguas: desde facilidad de edición hasta depósitos de datos o repositorios, pasando por aspectos como perfiles de usuarios, fecha de publicación, periodo de vigencia, búsquedas y suscripción, entre otros. Por todo lo hasta ahora indicado el proceso de transformación digital aplicado a la AEM implica la consideración integrada de tecnologías y formatos; lenguas, especialidades, recursos estilísticos y terminológicos; procesos, volumen, gestión y calidad; organización y cultura; y, por supuesto, coste económico adecuado.

En suma, los proveedores GILT debemos comprometernos con la nueva realidad que supone la transformación digital, proporcionando a nuestros clientes (en este caso las administraciones públicas) valores añadidos como la automatización de los procesos de gestión, la reutilización de traducciones para tareas de mantenimiento de contenidos, la realización y aplicación de glosarios terminológicos de control y guías de estilo, el establecimiento de un adecuado seguimiento de tareas a través de oficinas virtuales en tiempo real, la conexión de flujos de trabajo o la puesta a su disposición de equipos humanos acreditados y coordinados con una metodología probada.

 

Pedro L. Díez Orzas

Presidente Ejecutivo de Linguaserve

 

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