Llama poderosamente la atención cómo en un entorno económico en el que se ha asistido a una crisis generalizada en todos los sectores productivos, el segmento de mercado de los videojuegos ha continuado una trayectoria ascendente de manera ininterrumpida.

Para explicar tal circunstancia es preciso subrayar la confluencia de tres hechos: la ampliación de la base de jugadores por grupos poblacionales de edad (los videojuegos hace tiempo que dejaron de ser algo para niños o adolescentes); la llegada al mercado de nuevas generaciones de videojuegos, cada vez más sofisticados y con posibilidades inimaginables años atrás; y la generalización de los procedimientos de juego online, superando así las barreras transnacionales.

En este escenario global una de las claves del crecimiento del sector de los videojuegos radica en su capacidad de utilizar de manera inteligente los servicios de globalización, internacionalización, localización y traducción de contenidos. Sin ellos sería imposible satisfacer las ingentes necesidades de un formidable mercado ávido de novedades y dispuesto a pagar por ellas (algo no siempre habitual en el ámbito de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones).

La aplicación de las soluciones GILT al entorno de los videojuegos resulta de una dificultad extrema, difícilmente imaginable para quienes no son profesionales. Entre otras cuestiones, implica que la versión localizada del videojuego ofrezca al jugador la misma interfaz, sensación y experiencia de juego que la versión original.

De hecho son abundantes los ejemplos de videojuegos mal traducidos que han generado una enorme insatisfacción en los destinatarios finales (y aquí el «boca a boca» es particularmente ágil) y se han visto abocados al completo fracaso, más allá de sus aportaciones e innovaciones tecnológicas.

Pero no sólo se trata de traducir el juego. Un videojuego que no esté adaptado al entorno cultural del país al que va destinado es un producto asimismo condenado al fracaso. Y aquí nuevamente nos encontramos con unos cuantos ejemplos bastante representativos.

Estos niveles de complejidad descritos hasta el momento son los que explican la inexorable necesidad de contar con un socio estratégico GILT eficaz, competente y global, capaz de afrontar las necesidades de usuarios finales procedentes de muy distintas partes del mundo. Más que nunca resulta necesario disponer de recursos humanos cualificados.

En este caso se advierte la conveniencia de un perfil profesional que aúne el de traductor nativo con el de jugador y en el que se refuercen los procesos de revisión de contenidos conforme lo establecido en la normativa UNE-EN 15803.

Y el cumplimiento de esa misma normativa europea de calidad es el que conlleva una gestión integral de esta clase de proyectos, garantizándose de manera integral en el conjunto de fases de traducción, revisión y grabación del audio e impresión de los textos que conlleva todo videojuego en las distintas subfacetas de los mismos: interfaz del usuario (menús, mensajes de ayuda en pantalla, mensajes del sistema, tutoriales); cadenas de texto (diálogos, texto en pantalla y online, subtítulos); documentos complementarios (guía oficial, manual de instrucciones, material promocional y de merchandising, edición de gráficos textuales); y otros elementos adicionales online como pueden ser la página web, los diferentes banners y similares.

En definitiva, el sector de los videjuegos continúa gozando, a fecha de hoy, de una magnífica salud. Todo hace prever que esta tendencia continuará durante los próximos años. Las empresas GILT que aspiren a aprovechar las ventajas de este formidable negocio potencial deben concienciarse de la necesidad de tener una estructura productiva particularmente adaptada a las peculiaridades del mismo en las facetas de calidad, recursos humanos y tecnología. Sin ellas será imposible el planteamiento de servicios globales y, por tanto, la posibilidad de adecuación a los requerimientos de este segmento de negocio.