Cada vez son más los premios que la industria del videojuego otorga a los profesionales del sector de la globalización, internacionalización, localización y traducción de contenidos. Tal circunstancia no resulta en modo alguno casual sino que es consecuencia directa del creciente grado de sensibilización de este segmento de mercado ante la trascendencia de la calidad de las soluciones GILT en su presencia en el mercado.

Algunos ejemplos concretos de tal situación son los Premios de la Asociación de Traducción y Adaptación Audiovisual de España (ATRAE), que ya van por su cuarta edición, o los recientemente concedidos por GameReactor, una red europea específicamente dedicada a noticias sobre videojuegos. Por cierto, en este último caso los galardonados fueron tres jóvenes profesionales españoles.

La realidad es contundente en el caso concreto español: de manera gradual pero imparable prosigue la ampliación de la franja de edad de la población que utiliza los videojuegos. Un estudio presentado por la Asociación Española de Videojuegos (AEVI) en diciembre de 2015 subraya que el 38,9 por ciento de los adultos españoles juega a videojuegos y que más de un cuarto de ellos lo hace de manera diaria o varias veces a la semana. Además, la generalización del juego online incrementa los niveles de intensidad y dedicación a esta práctica.

Por otro lado estos consumidores son cada vez más exigentes con los niveles de calidad de Traducción y Localización que demandan al producto final. En buena medida su creciente nivel de formación (dos de cada tres jugadores ha cursado estudios de bachiller o universidad) emerge como causa estratégica de dicha consideración.

Como he tenido ocasión de subrayar en más de una ocasión, la aplicación de las soluciones GILT al entorno de los videojuegos resulta de una dificultad muy alta si se quiere hacer bien la Traducción y Localización del sofware, difícilmente imaginable para quienes no son profesionales. Entre otras cuestiones, implica que la versión localizada del videojuego ofrezca al jugador la misma interfaz, sensación y experiencia de juego que la versión original.

No se trata únicamente de traducir el videojuego; si no esté adaptado al entorno cultural del país al que va destinado es un producto condenado al fracaso. Los ejemplos de videojuegos mal traducidos o con carencias de localización son tan abundantes como notorios y en muchos casos han conllevado no sólo el escarnio de los autores sino una notable reducción en sus ventas finales.

Contar con la ayuda de un proveedor GILT resulta clave para evitar errores de esta índole. La industria del videojuego supone uno de esos casos en los que con mayor claridad se advierte la conveniencia de un perfil profesional que aúne el de traductor nativo con el de jugador y en el que se refuercen los procesos de revisión de contenidos conforme lo establecido en la normativa UNE-EN 15803.

Precisamente esta normativa europea de calidad conlleva una gestión integral de esta clase de proyectos, garantizándose de manera integral en el conjunto de fases de traducción, revisión y grabación del audio e impresión de los textos que conlleva todo videojuego en las distintas subfacetas de los mismos: interfaz del usuario (menús, mensajes de ayuda en pantalla, mensajes del sistema, tutoriales); cadenas de texto (diálogos, texto en pantalla y online, subtítulos); documentos complementarios (guía oficial, manual de instrucciones, material promocional y de merchandising, edición de gráficos textuales); y otros elementos adicionales online como pueden ser la página web, los diferentes banners y similares. Finalmente, es absolutamente necesario testar y probar el videojuego ya localizado en cada versión idiomática para dar los toques finales de calidad.

En suma, la industria del videojuego supone una sustanciosa oportunidad de negocio para el conjunto de empresas que formamos parte del sector GILT. Aquellas compañías que aspiren a posicionarse ventajosamente en este creciente nicho de mercado deben tener muy en cuenta que resulta imprescindible contar con una estructura productiva que se adapte a sus particularidades en los ámbitos de tecnología, calidad y recursos humanos.

Pedro L. Díez Orzas
Presidente Ejecutivo de Linguaserve

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